MI ESPOSO QUEMÓ MI ÚNICO VESTIDO PARA IMPEDIR QUE FUERA A SU FIESTA DE ASCENSO Y ME LLAMÓ “BASURA”. PERO CUANDO LAS PUERTAS DEL GRAN SALÓN SE ABRIERON, APARECÍ DE UNA FORMA QUE JAMÁS IMAGINÓ… Y ESA MISMA NOCHE DESTRUÍ SU MUNDO POR COMPLETO.

—¿Y qué con eso? Te doy dinero para el gasto de la casa cada mes, ¿no es así? Entonces considera cualquier supuesta deuda saldada.

Se acomodó el lujoso reloj suizo en la muñeca, suspiró con fastidio y le lanzó una última mirada de superioridad.

—Quédate aquí, donde perteneces. Para la gala de esta noche ya invité a otra acompañante: Valentina, la hija de 1 de los miembros más poderosos del Consejo de Administración. Ella sí está a mi nivel. Ella sí tiene la clase y la apariencia de una verdadera mujer para un hombre exitoso como yo. Y ni se te ocurra aparecerte por el salón, Sofía, porque si lo haces, daré la orden inmediata a los de seguridad para que te saquen arrastrando a la calle.

Sin decir 1 palabra más, Alejandro le dio la espalda, caminó hacia su automóvil de lujo, encendió el motor y se marchó, dejándola completamente sola. Sofía cayó de rodillas sobre la tierra del patio trasero, llorando con un dolor tan profundo y desgarrador que apenas le permitía respirar, viendo cómo la única ilusión de su noche terminaba convertida en tristes cenizas esparcidas por el viento. El dolor era asfixiante, pero en medio de la oscuridad, algo inmenso y aterrador estaba a punto de despertar. Nadie podía creer la tormenta que estaba a punto de desatarse…

PARTE 2

Las lágrimas de Sofía, humedeciendo la tierra polvorienta del patio, no duraron mucho tiempo. Mientras observaba el último rastro de humo elevarse hacia el cielo nocturno de la ciudad, la lástima que sentía por sí misma se extinguió por completo. Aquella mujer abnegada y sumisa murió frente a las cenizas de su vestido azul. En su lugar, desde lo más profundo de su ser, nació una furia gélida, calculadora, elegante y absolutamente devastadora.

Alejandro estaba convencido de que ella era solo una esposa insignificante. Una mujer común y corriente de los barrios bajos de la capital. Un peso vergonzoso que él podía ocultar y pisotear a su antojo ahora que había probado el sabor del poder.