PARTE 3
Cuando aterrizaron en Monterrey, Catalina asumió que todo terminaría ahí.
Una coincidencia bonita.
Nada más.
Pero mientras esperaba su maleta, escuchó pasos acercándose.
Adrián.
—¿Ya sabe dónde va a quedarse?
Ella dudó.
Demasiado tiempo.
Y él entendió.
—No tiene reserva, ¿verdad?
Catalina apretó los labios avergonzada.
—Pensaba buscar un cuarto barato cerca de la terminal.
Adrián miró a Mateo dormido en sus brazos.
Luego tomó una decisión impulsiva.