Ella se sentó en el asiento equivocado del avión, pero la persona a su lado resultó ser un millonario y se enamoró.

Ella levantó la mirada sorprendida.

El apellido le resultaba familiar.

Muy familiar.

Y entonces lo recordó.

Castillo Holdings.

Hoteles.
Constructoras.
Tecnología.

Uno de los empresarios más ricos de México.@

Catalina sintió ganas de hundirse bajo el asiento.

Miró discretamente sus zapatos gastados, la chamarra vieja de mezclilla y la pequeña mochila de pañales que había cosido varias veces para que no se rompiera.

Adrián notó el cambio inmediato en su expresión.

—Relájese —dijo suavemente—. Sigue siendo el mismo asiento.

Pero no era solo el asiento.

Era el mundo entero.

Durante el vuelo, Adrián descubrió que Catalina viajaba a Monterrey para buscar trabajo. Había dejado Guadalajara después de que el padre de Mateo desapareciera apenas semanas después del parto.

—¿Y qué hacía allá? —preguntó él.

—Diseñadora gráfica… antes de embarazarme.

—¿Antes?

Ella bajó la mirada.

—Las empresas no suelen contratar madres solteras con bebés.

Aquello golpeó algo dentro de Adrián.

Porque conocía ese tono.

El de las personas acostumbradas a pedir disculpas por existir.

Mateo comenzó a reír cuando Adrián hizo una mueca absurda.

Catalina abrió los ojos sorprendida.

—Nunca se ríe con desconocidos.

—Entonces oficialmente ya no soy desconocido.

Ella soltó una pequeña risa.

L Y fue tan sincera… que Adrián dejó de mirar la pantalla de su laptop por primera vez en días.