Eleanor avanzó hacia mí.
“¿Vas a echarnos?”, preguntó horrorizada.
La misma pregunta.
Las mismas palabras.
Las mismas que ellos me habían dicho bajo la lluvia.
La ironía casi dolía.
Miré lentamente la casa.
La escalera donde enseñé a caminar a Sophie.
La cocina donde Richard bailaba conmigo de madrugada mientras los bebés dormían.
El jardín donde mis hijos aprendieron a correr.
Mi hogar.
Luego volví la mirada hacia Eleanor.
“No”, respondí suavemente.
Ella parpadeó sorprendida.
Thomas también.
“¿Qué?”
“No voy a echarlos hoy.”
El alivio apareció demasiado rápido en sus caras.
Hasta que continué hablando.
“Porque primero vamos a hablar de las cuentas ocultas.”
Thomas se quedó inmóvil.
Daniel abrió otro archivo.
“Tenemos registros de transferencias ilegales, fraude corporativo y evasión fiscal.”
Eleanor giró lentamente hacia su esposo.
“Thomas…”
Pero él ya estaba pálido.
“Eso no puede probarse.”
Daniel levantó una ceja.
“Ya fue probado.”
Entonces llegaron otros dos hombres con trajes oscuros.