Parte 2 — El video que destruyó la mentira
La publicación explotó mientras Bruno dormía sobre mi pecho.
Primero fueron algunas reacciones.
Amigas del colegio.
Vecinas.
Mujeres que conocía apenas de vista.
Luego empezaron los mensajes privados.
“¿Es verdad?”
“Dime dónde estás.”
“¿Necesitas algo para el bebé?”
Miraba la pantalla con los ojos ardiendo del cansancio mientras las notificaciones subían tan rápido que el celular comenzó a calentarse entre mis manos.
Y entonces apareció el nombre de Sergio.
Mi hermano había hecho directo.
Entré.
Tenía casi cuarenta mil personas mirando.
Sonreía frente a la cámara LED instalada exactamente donde antes estaba mi cama.
Mi cuarto.
Las mismas paredes.
Los mismos pósters que yo había pegado de adolescente.
Solo que ahora había luces neón y un micrófono caro ocupando el lugar donde antes estaba mi vida.
—A ver, banda —decía riéndose—, no crean todo lo que ven en internet. Mi hermana siempre ha sido dramática.
El chat corría rápido.
“¿La sacaron después de la cesárea?”