Mis padres me echaron de casa dos días después de una cesárea… porque mi hermano menor , un streamer en ascenso, necesitaba mi cuarto.

“Eso es enfermizo.”

“Bro, qué mierda.”

Sergio se acomodó los audífonos.

—Mis papás le consiguieron un depa. Literal le ayudaron. Pero ya saben cómo son algunas personas. Les encanta hacerse víctimas por atención.

Entonces soltó una risa.

La misma risa de siempre.

La que usaba cuando rompía algo mío de niños y luego decía que exageraba.

—Además, el bebé ni se va a acordar.

Algo dentro de mí se congeló.

Y luego vi otra cosa.

Mi madre apareció al fondo de la transmisión llevando una bandeja de comida.

Sonriendo.

Como si nada hubiera pasado.

Como si yo no estuviera sola en un colchón húmedo intentando no abrirme la herida cada vez que me levantaba.

El chat explotó.

Pero no como Sergio esperaba.

“¿Esa es la mamá?”

“Esto da asco.”

“Acabo de dejar de seguirte.”

“Tu hermana acaba de tener una cirugía mayor.”

“Eres basura.”

La sonrisa de Sergio empezó a tensarse.

Intentó bromear.

Cambiar de tema.

Pero entonces alguien compartió mi publicación en Twitter.

Luego otra cuenta grande.

Luego otra.

En menos de dos horas, el hashtag con su nombre ya estaba lleno de capturas, críticas y fragmentos del stream.

Y entonces ocurrió algo peor.

Una enfermera comentó mi publicación.

Confirmó que mi padre había ido al hospital a decirme que tenía que irme apenas me dieran el alta.

Después comentó otra mujer.

Y otra.

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