parte 2
L En la pantalla apareció mi supuesta firma.
Grande.
Clara.
L Falsa.
Un murmullo se extendió por el salón como una ola sucia.
Esteban tomó el micrófono con una tranquilidad que hizo que todo se sintiera peor para Rodrigo.
“Esta firma fue manipulada digitalmente”, explicó. “Fue extraída de un documento anterior firmado por la señora Lucía Torres y colocada en una cesión de derechos sin su autorización. Tenemos rastros del archivo original, fecha de edición y computadora desde la cual se hizo la alteración.”
La pantalla cambió.
Apareció el nombre de Rodrigo Cárdenas como usuario registrado del equipo.
Uno de los directivos del banco se puso de pie.
“¿Está diciendo que los documentos entregados a nuestra institución fueron falsificados?”
Jimena respondió antes que nadie.
“Eso estamos diciendo. Y esta noche queda notificado que cualquier operación basada en esos anexos será impugnada legalmente.”
Doña Elvira golpeó la mesa.
“¡Mentira! ¡Mi hijo no necesita robarle nada a nadie! ¡Ella está loca de celos porque Fernanda sí pudo darle un hijo!”
El salón se quedó más callado todavía.
Fernanda bajó la mirada, humillada.
Rodrigo intentó recuperar el control.
“Esto es una trampa. Lucía siempre ha querido hacerme quedar mal porque no soporta que yo sea la cara de la empresa.”
Martín Aguilar dio un paso al frente.
“La cara, tal vez. Pero no la dueña.”
La pantalla cambió otra vez.
Apareció la estructura legal de la compañía:
Torres Salud Integral: 61%
Fondo Aguilar: 26%
Corporativo Cárdenas: 13%
Las caras de los invitados lo dijeron todo.
Yo tomé aire.
“Fundé esta empresa antes de casarme. Rodrigo recibió un cargo operativo porque confié en él. No tenía control accionario. No tenía permiso para transferir activos. Y definitivamente no tenía derecho a poner mi vida financiera L como garantía para financiar su traición.”