Fernanda empezó a llorar.
“Rodrigo… tú me dijiste que ella había firmado porque ya no quería seguir con las clínicas.”
Rodrigo la miró con rabia.
“Cállate.”
Esa sola palabra terminó de hundirlo.
Fernanda se levantó temblando. Se quitó la medalla de la Virgen que doña Elvira le había puesto la noche anterior y la dejó sobre la mesa.
“Me dijiste que estabas separado. Me dijiste que todo era tuyo. Me dijiste que ella era una aprovechada.”
Doña Elvira fue hacia ella.
“No seas tonta, piensa en tu hijo.”
Fernanda retrocedió.
“Justamente por mi hijo no voy a seguir defendiendo mentiras.”
Rodrigo perdió la cabeza.
Se bajó del escenario y caminó hacia mí con los ojos rojos.
“Sin mí no eres nadie, Lucía. Nadie te respetaba hasta que llevaste mi apellido.”
No alcancé a responder.
Seguridad lo detuvo antes de que pudiera tocarme. Dos hombres lo sujetaron mientras él gritaba que todo era suyo, que yo le debía mi éxito, que nadie iba a creerle a una esposa despechada.
Pero todos estaban grabando.
Todos.
Me acerqué lo suficiente para que solo él me escuchara.
“Te presté mi nombre, mi trabajo y mi confianza. Pero nunca te regalé mi vida.”
Al día siguiente, los videos estaban en todos lados.
Empresario expuesto por falsificación en cena de gala.
Esposa revela fraude, amante embarazada y deuda millonaria.