En San Antonio, Texas, la gente siempre decía que las bodas tenían la capacidad de sacar lo mejor de las familias.

Madison había pasado toda su vida observando cómo, entre canciones country y champán, incluso los parientes más duros terminaban sentados en la iglesia, secándose las lágrimas y fingiendo, por un solo día, que los resentimientos antiguos ya no existían.
Pero para la familia Bennett, la boda de Madison solo sacó a la luz la tensión que habían enterrado durante años. A sus treinta y dos años, ella era Segunda Piloto Capitán en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.