Ella se sentó en el asiento equivocado del avión, pero la persona a su lado resultó ser un millonario y se enamoró.

—Creo que estaba intentando salvarme a mí también.

Las lágrimas llenaron los ojos de Catalina.

Porque entendía perfectamente esa sensación.

A veces las personas más rotas no se encuentran para rescatarse.

Se encuentran para recordarse mutuamente que todavía pueden ser amadas.

Un año después, Adrián volvió a subir a un avión.

Pero esta vez no viajaba solo.

Mateo dormía en su hombro.

Y Catalina sostenía su mano mientras el avión atravesaba las nubes.

Ella sonrió recordando aquel día en que se sentó accidentalmente en el asiento equivocado.

Y comprendió algo hermoso:

A veces la vida cambia por los grandes planes.

Y a veces cambia porque una madre cansada, con un bebé en brazos, se equivocó de asiento… justo frente a la persona que necesitaba encontrar