Mi padre canceló la cena familiar con un “no hay dinero”, pero esa noche vi el video de la fiesta donde todos brindaban sin mí; al día siguiente me pidió una transferencia y una alerta bancaria reveló quién intentaba entrar a mi cuenta.

PARTE 3
Sentí que el piso desaparecía bajo mis pies.
Tomé la hoja con cuidado.
Mi nombre completo.
Mi RFC.
Mi dirección.
Mi firma… casi perfecta.
Pero no era mía.
—¿Qué es esto? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
Fernanda desvió la mirada apenas un segundo.
Y ahí entendí todo.
No venía a disculparse.
Venía a asustarme.
—Papá solo quería resolver las cosas —dijo rápido—. Nadie pensó que fueras a ponerte así.
—¿“Ponerte así”? —sentí la sangre hervir—. ¿Me falsificaron una firma y todavía crees que el problema es mi actitud?
Fernanda empezó a llorar. Pero esta vez ya no me movió nada.
—Solo necesitábamos salir del mes —susurró—. Tú siempre ayudas.
Siempre ayudas.
Como si fuera una obligación.
Como si mi vida entera existiera para tapar los agujeros que ellos abrían.
Le arrebaté la carpeta y seguí revisando.
Había estados de cuenta impresos.
Copias de mi INE.
Recibos.
Un formulario parcialmente aprobado por una financiera.
Y entonces encontré algo peor.