—¿Qué hizo ella?
Hayes me miró con cuidado.
—Tu madre lavaba dinero para ellos.
El silencio cayó sobre la cocina.
Afuera,@ alguien vendía tamales desde un carrito y por un segundo el sonido cotidiano me pareció absurdo comparado con el peso de lo que estaba escuchando.
—¿Y Daniel?
L Hayes abrió otra hoja.
—Daniel descubrió movimientos extraños hace ocho meses. Empezó a investigar discretamente porque sospechaba que alguien quería usar la constructora para mover dinero ilegal.
Levanté la vista lentamente.
—Mi madre.
—Sí.
Sentí náuseas.
No por el embarazo.
Por la traición.
Hayes respiró hondo antes de continuar.
—Y creemos que por eso intentaron destruir tu reputación en el baby shower.
El rompecabezas empezó a encajar.
Si lograban hacerme parecer inestable…
si lograban sembrar dudas sobre el bebé…
si conseguían arruinar mi imagen…
entonces podían pelear legalmente las acciones de Daniel.
Y quedarse con todo.
—No les bastó con que él muriera —susurré.
Hayes guardó silencio.
Porque ambos estábamos pensando lo mismo.
La muerte de Daniel ya no parecía un simple accidente.
—
Esa misma noche escuché completa la grabación del baby shower.
Cada palabra.
Cada insulto.
Cada pausa.
Y entonces escuché algo que no había notado aquella noche.
La voz de Paul.
Baja.
Casi un murmullo.
Pero perfectamente clara.