No estaba armado.
Eso no lo hacía menos peligroso.
—Daniel —dijo Morales—, baje las manos.
Él sonrió sin alegría.
—Detective, estoy aquí para entregar pruebas. ¿O ahora la verdad también necesita permiso?
Miró hacia mí.
—¿Ya leíste la carta, Richard?
Quise lanzarme contra él.
No por mí. Por Emily.
—Tú hiciste que la lastimaran.
Daniel levantó las manos.
—Yo no toqué a Emily.
—Pero la entregaste.
Su sonrisa desapareció.
—Ella iba a firmar. Todo habría sido sencillo. Nina se volvió teatral.
Morales avanzó.
—Está admitiendo coerción.
Daniel soltó una risa seca.
—Estoy admitiendo que todos aquí mienten mejor que yo.
Entonces levantó su teléfono.
—Un botón y todo esto sale. La carta. El informe. Las fotos. Tu hija quedará como cómplice de un montaje familiar.
—Emily es una víctima —dije.
—La opinión pública no lee con cuidado.
Tenía razón.
Y odié que la tuviera.
Daniel me miró como si al fin tuviera el control absoluto.
—Firma una declaración diciendo que Emily sufrió un episodio psicológico. Yo desaparezco. No publico nada.
Alan dio un paso.
—Eres un monstruo.