PARTE 2
A la mañana siguiente, el caos explotó.
La organizadora de bodas canceló servicios.
El lugar suspendió la fecha.
La boutique retuvo el vestido.
El florista exigió pagos inmediatos.
Y Alyssa estaba perdiendo la cabeza.
Emily abrió la puerta de su apartamento militar temporal y encontró a su madre esperándola.
Furiosa.
—¡¿Cómo te atreves a humillarla así?!
Emily permaneció tranquila.
—Ella me abofeteó.
—¡Porque la provocaste!
Aquello atravesó algo dentro de Emily.
Lento.
Frío.
Doloroso.
Porque no era la primera vez.
Cuando Alyssa rompía algo, Emily debía arreglarlo.
Cuando Alyssa lloraba, Emily debía ceder.
Cuando Alyssa quería más, Emily debía sacrificar algo.
Siempre Emily.
Nunca Alyssa.
—Mamá —dijo finalmente—, ¿alguna vez me defendiste a mí?
La mujer abrió la boca.
Pero no salió nada.
El silencio respondió por ella.
Entonces Alyssa apareció detrás.
Sin maquillaje.
Sin glamour.
Con el rostro deformado por rabia.
—¡Arruinaste mi vida!
Emily la observó.
Y por primera vez no vio a una hermana menor.
Vio a alguien acostumbrado a destruir a otros sin consecuencias.
—No —respondió Emily—. Solo dejé de financiarla.
Alyssa soltó una carcajada histérica.
—¡Todo esto es porque estás celosa!
—¿Celosa de qué?
—¡De mí! ¡De que yo sí tengo una vida real!
Emily casi sintió pena.
Porque Alyssa realmente lo creía.
Creía que vestidos caros y fotografías perfectas eran una vida.
Nathan llegó justo entonces.
Con una carpeta en la mano.
—La boda terminó.
El rostro de Alyssa se vació.
—¿Qué?
—Hablé con el banco. Hablé con Emily. Y ya terminé con las mentiras.
—¡Tú no puedes dejarme!
Nathan dejó lentamente el anillo sobre la mesa.
—Creo que nunca amaste a nadie más que a ti misma.
Y salió.
Alyssa se desplomó llorando.
Pero Emily ya no corrió a rescatarla.